Thursday, March 09, 2006

LA TRAGEDIA DEL ALPATACAL

Quiero rendir un patriótico homenaje a los 11 chilenos que allí perecieron. Fueron el brigadier Osvaldo Medina Moena; los cadetes Guillermo Perry Fonseca y Oscar Martini Pérez; sargentos primero Eudoro Garín Pino, Luis Navarrete Larenas y Cipriano Collao Collao; el cabo primero Manuel Zamora Riveros; el dragoneante José Quintana Novoa, y los soldados Juan González González, Juan Pérez Seguel y Luis Gajardo Rosas.

Lo haré en la persona del último sobreviviente de la tragedia, don Renato Montalba Vega, de 95 años de edad, distinguido vecino de la ciudad de Concepción. En 1927, cursando el último año de la Escuela Militar, formó parte de la delegación que viajó a Buenos Aires en el marco de las celebraciones del centenario de Bartolomé Mitre.

El gobierno chileno había recibido la invitación de su par argentino para que el instituto formador de la oficialidad de nuestro Ejército concurriera al vecino país y desfilara junto a sus correspondientes de Uruguay, Paraguay y Brasil, que también habían sido invitadas, con ocasión de las solemnes fiestas organizadas para dicha celebración.

Cuando el Presidente de la República, don Emiliano Figueroa Larraín, le manifestó al ministro del Interior, coronel Carlos Ibáñez del Campo, sus aprensiones para aceptar la invitación, porque las grandes nevadas de la cordillera podrían entorpecer el viaje de los muchachos, éste le contestó: "Si fuera necesario, que atraviesen la cordillera a pie; para eso son soldados".

Pero los viajeros no tuvieron ningún problema en la travesía a bordo del Ferrocarril Trasandino. Viajaban dos compañías comandadas por el director de la Escuela, coronel José María Barceló Lira. La primera de ellas a cargo del capitán Guillermo Aldana y los tenientes Stringe, Garrido y Sagüés. La segunda iba al mando del capitán Guillermo Rosa y los tenientes Andrade, Miranda y Gundelach.

Después de un cálido recibimiento en Mendoza, en el Regimiento de Infantería N° 16, la delegación chilena prosiguió su viaje a Buenos Aires. Pero, en la pequeña Estación Alpatacal, por la que pasaba a gran velocidad arrastrado por dos locomotoras, en la noche del 7 de julio, el convoy que transportaba a los cadetes chocó de frente con otro que esperaba para partir, descarrilando ambos. Los carros se tumbaron y aplastaron, y dentro de ellos los pasajeros. Luego, se desató un incendio. No es el propósito de estas breves líneas relatar los horrores allí vividos por los militares chilenos, que en ese momento ya dormían plácidamente en los coches dormitorios, por lo que sólo mencionaré que fallecieron 11 y quedaron heridos 31, de los cuales 10 eran graves y 21 leves. Cuando fueron a extraer de los fierros retorcidos y maderas astilladas al coronel Barceló, éste dijo: "Salven primero a mis cadetes".

Respecto de los que resultaron sanos y salvos, honroso resulta recordar que el ministro de Guerra, general Bartolomé Blanche, el mismo día 8 aclaró que por decisión del general Ibáñez -quien entretanto había resultado elegido para la primera magistratura en la elección presidencial del 22 de mayo- el viaje proseguiría, porque "la continuación del viaje de una compañía a Buenos Aires obedece al cumplimiento del deber que la Escuela contrajo al aceptar el gobierno la invitación del gobierno de Argentina; y este deber, grato en toda circunstancia, no puede dejar de cumplirse, cualesquiera que sean los obstáculos que la delegación encuentre, por obra de la dolorosa casualidad".

Y así fue como siguieron a Buenos Aires 120 cadetes, y 5 oficiales, con sus uniformes manchados con la sangre de sus heridas, llevando consigo estandarte y banda de pitos y tambores.

El diario "Crítica" de la capital trasandina informó como sigue: "Bajo una lluvia de flores, el heroico resto de la brillante falange de soldados enviada por Chile, desfiló esta tarde por nuestras calles. El pueblo los hizo objeto de una manifestación jamás vista en Buenos Aires. Se les aplaudía y vitoreaba sin cesar".

"Al romper la marcha los cadetes chilenos, encabezando la magnífica columna de tropas, estalla un nutrido repique de aplausos en la Plaza de Mayo, en las aceras de la avenida y los balcones de la Intendencia".

Por su parte, el diario "Los Andes", de Mendoza, refiriéndose a la llegada de nuestra Escuela a Buenos Aires, comentaba:

Era tal la aglomeración de gente en la estación de Retiro y sus inmediaciones en el instante de llegar el tren a ésa, que se hacía imposible dar un paso y fue necesario prohibir el tráfico de vehículos. La multitud, apiñada, esperaba impaciente el arribo del convoy. Múltiples damas aguardaban con hermosos ramos de flores sujetos por cintas de los colores argentinos y chilenos".

Cuando se anunció la proximidad del tren, el público prorrumpió en vítores y aplausos con un entusiasmo indescriptible. Pero cuando el tren se detuvo en el andén, la escena fue inenarrable".

"Gran parte del público, ávido de ver y exteriorizar su simpatía cariñosa a los cadetes, llegaron al extremo de treparse a los coches de este convoy colocado en la vía contigua, donde estaba el tren especial".

"Fue un instante inconfundible, cuando los cadetes eran abrazados por las multitudes, que hacían grandes esfuerzos por llevarlos en andas, mientras los cadetes -visiblemente emocionados- agradecían las demostraciones populares".

"El doctor Alvear (Presidente de la República Argentina) estrechó la mano de cuantos militares y cadetes chilenos le fue dado, denotándose en él una gran emoción en ese momento, a la que todo el pueblo de Buenos Aires se adhería en forma espontánea y sin convocatoria previa alguna, llevado por la congoja que le ha producido la catástrofe de ayer, al recibir como hermanos a los cadetes que ha enviado Chile".

"Puede decirse que nunca Buenos Aires ha tributado tan espontánea como extraordinaria manifestación".

"Con grandes esfuerzos y siendo preciso abrir camino entre la multitud, los cadetes chilenos pudieron llegar al cuartel de "Granaderos a Caballo", donde se alojan y hasta donde los acompañó incesantemente las demostraciones del cariño popular".

Entretanto, el director de la Escuela, coronel Barceló, con otros oficiales, brigadieres, suboficiales, cadetes y soldados, se recuperaba en el Hospital San Antonio.

Don Renato Montalba Vega nació en Concepción el 15 de mayo de 1909, hijo de don Manuel Montalba Hodges y doña Laura Vega Baeza. La familia Montalba fue fundada en la Concepción de Penco en 1750, por don Domingo Montalba y doña Josefina Saavedra, y se encuentra emparentada con doña Paula Jaraquemada y con el coronel Santiago Bueras.

El joven Renato hizo sus estudios en el colegio de los Padres Franceses en Concepción, ingresando a la Escuela Militar en 1924, a los 15 años. Egresó con distinción. No obstante, razones de salud le impidieron proseguir la carrera de las armas, por lo que se dedicó a la agricultura en Arauco, siguiendo los pasos de su progenitor. Casó a la edad de 30 años con doña Carmen Rencoret Gómez, fallecida en 1991. Su suegro, don Ernesto Rencoret Bravo, oficial de Ejército, fue uno de los fundadores del Regimiento de Caballería N° 7 Guías de Concepción, cuyo padre también fue oficial de Ejército, al igual que su suegro, quien combatió en la Guerra del Pacífico.

En el último sobreviviente de Alpatacal, como lo señalé al comienzo, quiero rendir mi homenaje a estos mártires del deber y del honor patrio, en tiempos de paz, ejemplo de entereza y gallardía, para las nuevas generaciones.


Hoy en día a 78 años de la "Tragedia de Alpatacal"

En solemne ceremonia, que contó con la asistencia de los integrantes de la "Legión Alpatacal" y de los Agregados Militares de la República Argentina, se revivió uno de los episodios más trágicos en la historia de la Escuela Militar.


En el Aula Magna del Instituto, se realizó la conmemoración de los 78 años de la "Tragedia de Alpatacal", incidente significativo en la historia de la Escuela y que constituye un ejemplo de valor, disciplina y fortaleza para las nuevas generaciones de oficiales. La emotiva rememoración de los hechos estuvo a cargo del Coronel (r) José Bravo Alviña, quien catalogó esta tragedia como "símbolo del deber militar", representado en la actitud de quienes, a pesar del accidente, se lucieron en Buenos Aires desfilando ante la ciudadanía. "Siendo éste un hecho doloroso, Alpatacal es y será imperativo categórico del deber militar", dijo, emocionado, el representante de la "Legión Alpatacal".

Además, igual que todos los años, fueron distinguidos tres alumnos destacados de la escuela quienes recibieron los siguientes galardones: "Premio Alpatacal", distinción que se otorga al alumno de tercer año que destaca por sus virtudes militares y que este año recayó en el subaleférez Francisco Cuadra S. El cadete de segundo año, Javier Desmarás G. -primera antigüedad de su promoción- obtuvo el "Premio Cadete Oscar Martiní" y el subalférez Emanuel Barros M. -mejor deportista de la escuela- fue condecorado con el "Premio Curso Militar 1929".

Acto seguido, hizo uso de la palabra el Director de la Escuela Militar, Coronel José Manuel Cichero S., quien expresó a los alumnos el legado que deja esta tragedia en la formación como Oficiales de Ejército. "El cumplimiento del deber, más allá de la adversidad y las circunstancias, es la enseñanza que, como Director de la Escuela, yo tengo hoy el privilegio de entregarles, cadetes y subalféreces del siglo XXI, extrayéndola de la conducta sublime asumida por esos camaradas nuestros, de diferentes grados y escalafones, pero todos hermanados en su condición de integrantes de la Escuela Militar, y particularmente en su heroica entrega a una causa que sentían como un honor que ni la mayor desgracia podía mancillar", dijo el Coronel Cichero.

Posteriormente en la placa Alpatacal, ubicada en el patio del mismo nombre, se colocaron ofrendas florales por parte de la Legión Alpatacal y del Instituto. La jornada finalizó con un almuerzo en el comedor de cadetes al que asistieron integrantes de Legión Alpatacal, invitados extranjeros, oficiales del instituto y alumnos de la Escuela Militar.' En solemne ceremonia, que contó con la asistencia de los integrantes de la "Legión Alpatacal" y de los Agregados Militares de la República Argentina, se revivió uno de los episodios más trágicos en la historia de la Escuela Militar.

1 Comments:

At 2:27 AM, Anonymous Anonymous said...

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